Los Quince

La fiesta de Quince es -para muchos cubanos- un verdadero acontecimiento social.

¿Cómo expresar entonces una idea novedosa en torno a un tema tan abordado? Recuerdo una obra de teatro (Vals de la Habana Vieja) que luego sería llevada al cine para recrear  lo pintoresco, lo folclórico de una fiesta de quince y su profundo enraizamiento en la sociedad cubana.

Este –lo confieso- era para mí un fenómeno que había perdido protagonismo en la época actual, pero ha resurgido con nuevas fuerzas, demostrando que subyacía en la Cuba posrevolucionaria.

Porque –valga decirlo- la fiesta de los quince nos viene desde unos 70 u 80 años atrás. Presentar a la “señorita” en sociedad fue su más claro objetivo: Algo así como mostrarla al mercado matrimonial en todo su esplendor y con la belleza de los quince- casi que obligada en todas, con excepción cumplida quizás en el refrán que sentencia “esa, nunca tuvo quince”.

Las fiestas de quince han tenido sus altas y sus bajas y son un excelente termómetro para medir la situación económica del país: Hubo quinces de vestiditos prestados y “gualfarina”; de cerveza de termo,  fotos en blanco y negro y discos de acetato.

No hay dudas de que la fiesta de quince ha retornado como un acontecimiento cotidiano; circunstancia que expresa un concepto cultural en que la banalidad y el lugar común se dan la mano.

Las fotos de quince son un capítulo importante de este melodrama familiar. Sin fotos no hay Quince, ni esas poses repetidas hasta el aburrimiento y descontextualizadas,  que suelen ir desde paisajes con nieve hasta indumentarias que rinden culto al oeste norteamericano.

Pieles, vestidos de época y hasta la atrevida desnudez contribuyen a esta dudosa estética.

Otra de las escenas del repetido guión se refiere al vals. Por espacio de meses y bajo el ojo clínico de algún improvisado coreógrafo los amigos más cercanos de la “quinceañera” se dan a la tarea de “montar” el vals.

(Fíjese bién que no se escoge otra melodía más a tono con nuestro sabor caribeño). ¡Tiene que ser un vals!. Y entonces el gélido clima europeo y su sonido melancólico, como el otoño, se “cuela” en una fiesta que celebra “quince primaveras”.

Los quince para muchos son un indicio de posición social, también es la presión que soporta la familia cubana que hace un maratónico esfuerzo para “quedar bien”.

Ese día “Liborio” se la gasta toda, tira la casa por la ventana, la fortuna que ha ido guardando con celo  desde el mismo momento en que el obstetra en el nacimiento del bebé exclama: “Es una hembrita”.

Luego pasa la tormenta: a pagar deudas con el único consuelo de ojear con nostalgia… muy de vez en vez,  un álbum de fotos que se va poniendo viejo.

Un pensamiento en “Los Quince

  1. Charles, este texto se lee y se siente muy a lo “soto”. Claro, como todo lo que tú haces. Te faltó la fiesta y el mágico momento en que se entrega la rosa y se proyectan las imágenes y se publica el mensaje ee mamá y papá. Coincido contigo pero me atrevería a agregarle que este ¿momento? a pesar de la vanalidad, de las alteraciones, de las deudas (casi incosteables) la gente, los invitados, la quinceañera, ¡y hasta los padres de la niña! son felices. Es cierto todo lo que dices, pero… ¿no será un precio justo por ver la sonrisa de la “hija” aunque sea durante poco más de dos horas? ¿Qué tú crees?

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