Día de la Cultura cubana

La cultura es un hecho social, acontecimiento participativo por excelencia que resume las mayores aspiraciones del ser humano en comunidad.

La auténtica cultura es un patrimonio universal, no entiende de fronteras ni idiomas. Surgida en oscuras noches junto al fuego, como advocación, magia,  canto a los dioses y a los misterios, la cultura ha acompañado al hombre por siglos, lo ha hecho mejor y acortado las distancias que lo separan de la plenitud. 

El 20 de Octubre, Día de la Cultura Cubana, es una Jornada de hondo patriotismo. Fecha en que por vez primera se entonaron las notas de nuestro himno nacional, la ocasión exige de pensamiento, de realce de la identidad y de profundizar en nuestras coordenadas más determinantes.

Nada más alejado de lo pintoresco y del lugar común que la cultura cubana. Rica, diversa, múltiple y profunda no puede encerrarse en escenografías festinadas, improvisación y superficialidades.

Nuestra cultura rompe las falsas barreras entre lo culto y lo popular y no existe sin el público, sin el pueblo que le confiere alma y razón de ser.

La cultura es vocación, historia, continuidad y es también una fiesta que precisa de la alegría de todos.

La cultura es una confluencia en que se dan cruce los perfiles de nuestra una identidad. La del abuelo negro, la del abuelo blanco y la composición de la una sociedad  mestiza.

Como diría Fernando Ortíz: “Ser plenamente cubanos exige la asunción de nuestra cultura y es una condición del alma, de sentimientos, ideas y actitudes”.

Nuestra independencia está íntimamente ligada a la cultura y las modas de un mundo banalizado y global no puede significar para los cubanos una ruptura con ese pasado que nos forjó.

El 20 de Octubre, hace 144 años se cantaron por primera vez las notas del Himno Nacional. Expresión de patriotismo y ansias de libertad.

El himno que nos une, que tantas veces entonamos, con pasión, sobrecogimiento, o rabia apenas contenida. Himno que nació entre las cenizas y que resume el amor al terruño, la valentía y la ternura de los habitantes de esta isla.

La cultura tiene ese poder de convocatoria, con un manojo de versos y unos acordes es capaz de definir como nadie el concepto de patria.

Qué seríamos sin ese himno, que nos emociona cuando lo escuchamos, que nos evoca el cielo azul, y va de la efervescencia al luto más callado si es menester.

No fuéramos el pueblo que somos sin ese canto, la risa no sería igual sin esa voluntad que sana cualquier herida.

El himno nacional encarna nuestra filosofía, por ello nació en campaña y tiene la vibración de lo popular y lo cotidiano. Lo entonamos de pie, ceremoniosamente, porque nos exalta y nos empina, como una declaración de principios:

En cadenas vivir es vivir, en afrenta y oprobios sumidos.

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