El Nocaut de la computadora

Cada creador tiene sus ritos. Todo artista prepara las condiciones a su alrededor para dar inicio al mágico proceso creativo.

Algunos trabajan con música, y dentro de esta alguna en  específico; pintores ordenan su taller, o lo desordenan, los más necesitan algún tipo de iluminación, y otros un horario determinado que les agrada.

En el caso de los escritores hay toda una variedad de condicionantes.

Hemingway escribía de pie, con lápiz y junto a una ventana. García Márquez confesó que lo hacía enfundado en un overol de mecánico y cuando no encontraba la idea precisa comenzaba a apretar tuercas por toda la casa.

Carpentier iniciaba su trabajo leyendo el borrador que había escrito antes. Y así, sobran ritos que siguen los escritores tratándose de comunicar con la supuesta musa.

Pero un buen día llegó la computadora al mundo de las letras. En un principio recibió el rechazo de la mayoría, que la sentía como una especie de monstruo impersonal, carente del encanto de la añeja máquina de escribir

Algunos fueron más atrevidos aún y declararon abiertamente que jamás  la utilizarían, apegados al sonido inconfundible de las teclas mecánicas que los acompañaba ante el terror de una hoja en blanco.

Pero pasó el tiempo implacable y aquellas aguas trajeron estos lodos. La casi totalidad de los renuentes se ha  retractado de aquellas románticas declaraciones y comenzó a utilizar la computadora para escribir.

Las ventajas son indudables. En primer lugar te ayuda a no tirar tantas hojas al cesto, ofrece la alternativa de otras palabras y hasta te permite hablar con voz de los personajes mientras ella escribe.

Casi se ha convertido en una norma que para ser escritor hay que tener una computadora, nada se puede contra los adelantos de la técnica y hasta los más recalcitrantes, como el autor de  Cien años de Soledad han torcido su brazo y viajan con su Laptop por el mundo entero.

En el recuerdo quedó el rítmico quejido de las máquinas de escribir, durmiendo el mismo sueño que el rollo fotográfico, ahora olvidado por la digitalización, y que el disco de acetato, superado por el CD.

Así se han ido imponiendo los avances de la tecnología en el terreno de la cultura. Todo ha cambiado, a excepción de algo: Lo novedoso facilita el trabajo y lo agiliza. Es solo un medio y no un fin de la creación.

La informatización le ofrece a todo creador un soporte, pero aún en este Siglo XXI, ningún avance tecnológico ha conseguido dar talento a quien no lo tiene.

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