La artesana Benita Martín

La artesana  Benita Martín, conservó hasta su muerte vitalidad en sus manos y prestancia para realizar hermosas creaciones artesanales que recorren el universo. Una auténtica mujer espirituana, inscripta, por su obra, en la historia de nuestra cultura.

Benita Martín fue de las artesanas más importantes del país. Obtuvo premios y menciones en innumerables eventos y ferias, por la originalidad del material que empleaba y la calidad de sus trabajos, de una meticulosidad asombrosa. Sus creaciones se encuentran diseminadas en las más prestigiosas colecciones de artesanía del mundo.

Un buen día a Benita Martín se le ocurrió trabajar el estropajo, esa fibra vegetal, y con paciencia e ingeniosidad le dio caprichosas formas. Así de sus manos fueron apareciendo una yunta de bueyes, un campesino, una viejecita; figuras todas muy expresivas y con ojos que miran con la intención que se propuso su realizadora. Dotadas de personalidad, sus figuras viven como instantáneas que perpetúan un momento.

Benita fue una permanente observadora de la realidad circundante. No creaba utilizando modelos porque los conservaba en su memoria. De su infancia guardó las figuras campesinas que le rodearon, las imágenes de su familia y esa especial sensibilidad por los animales, de los que logró atrapar sus rasgos más sugerentes.

Con el arte de la paciencia  Benita Martín tejió el estropajo entre sus dedos hasta humanizarlo. Perseverancia, buen gusto, conocimiento de las proporciones y de la psicología del ser humano denota la obra de esta artesana cuyas realizaciones nos comunican un estado de ánimo, como si fuesen traídas a la realidad desde el recuerdo y la nostalgia.

Casi retratos son sus creaciones porque detrás de cada una de ellas se esconde una historia, como si respirasen y tuviesen vida propia.

No hay dudas de que la artesanía es un acto de creación individual pero a la vez colectiva, porque trae consigo la herencia familiar o de anteriores generaciones.

En el caso de Benita Martín, sin antecedente alguno, resulta un misterio cómo y dónde esta mujer descubrió el estropajo, qué se dijeron en un lenguaje cómplice y cómo lo fue moldeando, para poner al descubierto sus venas y sus músculos, hasta entonces ocultos.

Cómo dotar al estropajo, esa fibra aparentemente inerme, de corazón y sentimientos es la gran virtud de esta artesana. Allí en la calle Bayamo, rodeada de esos personajes  que compartió con todos, vivió  Benita Martín.

Sus ojillos inquisidores,  buen humor y su humildad le ganaron el cariño de su pueblo y  el respeto de los demás creadores.

Vivió tranquila, porque sabía que legaba una obra que la rebasó en tiempo y espacio, y porque sus figuras de estropajo también tendrán mucho que decir a las futuras generaciones.

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