La parranda espirituana

Los hermanos Sobrino, fundadores de la Parranda espirituana.

Los hermanos Sobrino, fundadores de la Parranda espirituana.

La Parranda Espirituana fue fundada el 19 de Julio de 1922. Entonces se llamó Hermanos Sobrino y sus iniciadores no aquilataron la trascendencia cultural que al paso de los años alcanzaría aquella agrupación de música campesina.

Fiestas Santiagueras, cumpleaños y otras conmemoraciones perfilaron un sonido, adaptaron  la picaresca popular a los textos, a la vez que se introducían instrumentos que luego fueron definitorios por el timbre que aportaron. Donde quiera que se escuche esta agrupación impone su sello; exclusividad que solo alcanzan los grandes en el complejo camino de la música.

Aquella Parranda que nace en esta ciudad, para paradójicamente interpretar música del campo fue inicialmente estimulada por los tabacaleros que regularmente viajaban al pueblo a negocios y otras gestiones que incluían, por supuesto, la diversión. Así fue ganando su público que se ampliaba día a día, en una relación que se enriquece con el intercambio constante. Ver actuar ala Parranda Espirituana se convirtió en todo un espectáculo popular.

En sus inicios la agrupación contó con un formato que incluía dos Tres, Guitarras, Tambor de Cuña, Güiro, Claves, Machete y la famosa Botijuela, con un quejido lastimero como la nostalgia, y que realizaba las funciones del contrabajo. Con el paso del tiempo la Parranda mantuvo su sonoridad inicial, ahora con la marimbula que sustituyó la botijuela.

La enorme influencia de la décima escrita en la Literatura Espirituanay el inagotable reservorio  de Literatura Oral fueron soportes propicios para el éxito dela Parranda. El humor, la “chispa” del espirituano y su apego al terruño se convirtieron en temas recurrentes.

La imaginación popular hizo de la música parrandera un portavoz de la cotidianeidad que satirizaba  personajes y  acontecimientos. Tampoco faltaron a su amplio repertorio las composiciones dedicadas a los próceres y a hechos históricos de profundo patriotismo.

Comenzaron a entonarse regularmente los puntos y las tonadas espirituanas, que marcaron, con su impronta, el quehacer musical del país y tipificaron uno de los rasgos de la identidad cultural que más nos señalan.

A este nuevo modo de decir también se adaptaron letras festivas. No se concibe un Santiago Espirituano sin los rincones campesinos o el famoso “Platanal de Bartolo” con puntos y décimas que convocan a la fiesta. El oloroso puerco asado, el congrí y otras comidas tradicionales completan la escenografía propicia al desempeño dela Parranda.

Como patrimonio local la Parranda recibe actualmente una subvención del Ministerio de Cultura y ha quedado como referencia a señalar y promover. Su música, a noventa años de creada va al  encuentro de las nuevas generaciones que reciben con ella un legado de sus abuelos.

No hay dudas de que el espirituano vive orgulloso de su Parranda, a ella recurre en tiempos de lejanía o de jolgorio, no importa cómo entone o afine; lo importante es cantar a voz en cuello, porque lo lleva en la sangre, aquella cuarteta que dice: “El Gallo que es fino y canta/ Que venga a cantar aquí/ Cantará después de mí/ De lo contrario no canta”….

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